EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

VISIÓN  DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO I - VERSÍCULOS 12 - 20

“Me volví para ver quién me hablaba; detrás de mí había siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros vi a uno que es como hijo de hombre, con un vestido que le llegaba hasta los pies y un cinturón de oro a la altura del pecho. Su cabeza y sus cabellos son blancos, como lana blanca, como nieve, y sus ojos parecen llamas de fuego. Sus pies son semejantes a bronce pulido cuando está en horno ardiente. Su voz es como estruendo de grandes olas. En su mano derecha tiene siete estrellas, y de su boca sale una espada de doble y agudo filo. Su cara es como el sol cuando brilla con toda su fuerza. Al verlo, caí como muerto a sus pies; pero me tocó con la mano derecha y me dijo: ‘No temas nada, soy Yo, el Primero y el Último. Yo soy el que vive; estuve muerto y de nuevo soy el que vive por los siglos de los siglos, y tengo en mi mano las llaves de la muerte y del infierno. Escribe, pues, lo que has visto, tanto lo presente como lo que debe suceder después. Entiende el significado secreto de las siete estrellas que viste en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros son las siete iglesias”

Las iglesias de Asia eran más de siete en tiempos de San Juan, aún así, solo se habla de siete iglesias, ¿Por qué? porque siete representa plenitud, totalidad. Por eso, las siete iglesias del Apocalipsis representan la Iglesia universal de Cristo de todos los tiempos, es decir, la Iglesia Católica. Es bellísima la forma como Cristo compara las siete iglesias con “los siete candeleros de oro”. Para Dios, la Iglesia es luz para un mundo que vive en las tinieblas del pecado. Nosotros somos la Iglesia, nosotros estamos llamados a entregar la luz de Cristo al mundo. El que está en pecado camina entre tinieblas porque no sabe lo que hace y tropieza una y otra vez. El que está en gracia de Dios sabe a donde va, nada le inquieta porque tiene su mirada puesta en Cristo Jesús, Señor Nuestro.

Jesús, en los evangelios, se llama así mismo: El hijo del hombre. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Como verdadero Dios, Él está en medio de nosotros en el sacramento de la eucaristía. Como verdadero hombre, muere en una cruz por amor a su Iglesia.

La túnica larga talar, que llega a los pies y tiene un cinturón de oro a la altura de pecho, es propia del ministerio sacerdotal en el antiguo testamento desde los tiempos de Moisés y Aarón. Solo el sumo sacerdote de Jerusalén llevaba la túnica blanca y un cinturón de oro a la altura del pecho. Cristo es, al mismo tiempo: Sacerdote, víctima y altar. Cristo es sumo y eterno sacerdote porque siendo hombre se hace puente entre Dios y los hombres, realizando el sacrificio vivo y santo que es Él mismo. Cristo es víctima, es decir, es el nuevo Cordero de Dios que ha sido inmolado para la salvación de muchos. Cristo es altar porque Él se hace uno con la cruz y desde allí establece un nuevo pacto. El nuevo pacto es la alianza nueva y eterna. La alianza nueva y eterna es sellada por la sangre del Señor que ha sido derramada para el rescate de todos los católicos creyentes. Esta es la razón, por la cual, solo existe salvación al interior de la Iglesia fundada por Cristo Jesús, la Iglesia Católica.

La segunda parte de este fragmento apocalíptico es una majestuosa visión de Dios Padre Todo Poderoso. El color blanco de su cabello representa eternidad. Dios existe desde siempre y para siempre. Sus ojos de fuego representan: El amor que no conoce límites y la luz que destruye las tinieblas del pecado. Para que lo veas con mayor claridad, lee los pasajes bíblicos que se presentan a continuación:

Tu ojo es tu lámpara. Si tu ojo está limpio, toda tu persona aprovecha la luz. Pero si está borroso, toda tu persona está también en la confusión. Cuida pues, que la luz que hay en ti no se vuelva confusión”
San Lucas 11, 34 - 35

Vine a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!”
San Lucas 12, 49

“Se les aparecieron unas lenguas como de fuego, que, separándose, se fueron posando sobre cada uno de ellos; y quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en idiomas distintos, en los cuales el Espíritu les concedía expresarse”
Hechos 2, 3 - 4

La expresión “Sus pies son semejantes a bronce pulido cuando está en horno ardiente” significa que Dios siempre cumple sus promesas y permanece fiel en su amor hacia el hombre. Todo pasará, el mundo llegará a su fin, pero las palabras de Dios no dejarán de cumplirse. Dios es el que es, el que era y el que ha de venir porque Dios nunca pasará… Caerán imperios, se destruirán ciudades, habrá guerras, muerte, hambre, desolación… Cielos y Tierra pasarán, pero las palabras de Dios no pasarán.

El fragmento “Su voz es como estruendo de grandes olas” nos recuerda el pasaje del libro del Éxodo, en el cual, el pueblo de Israel temblaba de miedo al escuchar la voz de Yahvé.

“Dijeron a Moisés: ‘Habla tú con nosotros, que podremos entenderte; pero que no hable Dios, no sea que muramos”
Éxodo 20, 19

Al atardecer de tu vida te presentarás ante el tribunal y Dios te juzgará en el amor. Tú no sabes ni el día, ni la hora, ni el año de tu deceso… Solo una cosa debes saber: No importa cuantos rosarios hayas rezado, no importa cuantas veces hayas hecho el bien a tus hermanos, no importa cuantas veces hayas perdonado a tus adversarios, no importa cuantas veces te hayas negado a ti mismo, no importa cuantas eucaristías hayas escuchado o cuantas obras de caridad hayas realizado… Siempre, siempre será poco el esfuerzo que hagas en esta vida para agradar a Dios… Siempre será poco porque al escuchar su voz sentirás un estruendo y toda tu alma se estremecerá… En aquel momento, comprobarás por ti mismo que: Él es perfecto y tú solo eres un pecador… Entonces, sentirás un terrible dolor al saber todo el bien que dejaste de hacer y todo el mal que realizaste… Él te recordará todos los instantes de tu vida, en los cuales, dejaste a un lado la práctica del evangelio… Él te recordará las veces, en las cuales, por acción u omisión, olvidaste los diez mandamientos… Ya no habrá nada más que hacer, la suerte estará echada, tu destino eterno estará definido. Así será, porque así está escrito:

“Entiendan que en este momento empieza el juicio por la casa de Dios. Y si primero nos toca a nosotros, ¿qué fin tendrán los que se niegan a creer en el Evangelio? Si el justo se salva apenas, ¿dónde se presentarán el pecador y el impío?”
I - Pedro 4, 17 - 18

“Los muertos, grandes y chicos, estaban de pie ante el trono. Se abrieron unos libros, y después otro más, el libro de la vida. Entonces los muertos fueron juzgados de acuerdo con lo que está escrito en los libros, es decir, cada uno según sus obras
Apocalipsis 20, 12

Después de describir la omnipotencia de Dios Padre, el autor del Apocalipsis continua con la gloria de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, cuando escribe: “En su mano derecha tiene siete estrellas, y de su boca sale una espada de doble y agudo filo. Su cara es como el sol cuando brilla con toda su fuerza”. Cristo tiene en sus manos el destino de los siete supervisores de sus siete iglesias. Los supervisores son los obispos fieles al magisterio doctrinal de la Iglesia Católica. El magisterio doctrinal de la Iglesia Católica se encuentra reunido en el Catecismo Mayor escrito por San Pio X. Los obispos fieles son los que pastorean el rebaño universal de creyentes. El rebaño universal de creyentes es la Iglesia que es: Una, santa, católica, apostólica y romana. La expresión “de su boca sale una espada de doble y agudo filo” se refiere a la palabra de Dios que es eficaz, tanto para dar salvación como para dar condenación. Nuestro Señor Jesucristo lo explica mejor, como está escrito a continuación:

“El que me desprecia y no hace caso de mi Palabra tiene quien lo juzgue y condene: será mi propia Palabra; ella lo juzgará el último día”
San Juan 12, 48

El fragmento “Su cara es como el sol cuando brilla con toda su fuerza” nos recuerda, inevitablemente, la luz de Dios que se refleja en los siguientes pasajes bíblicos:

“Jesús les habló de nuevo y dijo: ‘Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida”
San Juan 8, 12

Yo soy el brote y el descendiente de la familia de David, la estrella brillante de la mañana
Apocalipsis 22, 16

Jesucristo es la estrella brillante de la mañana… Jesucristo es nuestro sol… Jesucristo es la luz que borra toda sombra de tiniebla… Sólo Él salva… Sólo Él entrega vida eterna… Jesucristo es el camino, Jesucristo es la verdad, Jesucristo es la vida… Jesucristo es el camino al Padre… Jesucristo es la verdad presente en el evangelio y en todas las sagradas escrituras… Jesucristo es la luz que brilla en la eternidad, la luz que quiere ver todo hombre, aunque no todo hombre de este mundo lo sabe. Cristo es el nombre que está sobre todo nombre. No hay otro sol, no existe otra luz más que aquella que sale de Dios. Es ridículo que se idolatre a una simple criatura, a un simple mortal, a cualquier deportista, político, líder o artista por más famoso que éste sea. Es lamentable que en el país de los mariachis, solo por citar un caso, se le otorgue el título de: El sol de Méjico a un artista famoso. Esto un insulto a Nuestro Señor Jesucristo. Jesucristo es el único sol y su madre, María santísima, es la estrella de la nueva evangelización. Roguemos al Señor para que terminen, cuanto antes, este tipo de idolatrías y que reinen entre nosotros: El sagrado corazón de Jesús y el inmaculado corazón de María.

El pasaje “Al verlo, caí como muerto a sus pies; pero me tocó con la mano derecha y me dijo: No temas nada, soy Yo, el Primero y el Último. Yo soy el que vive; estuve muerto y de nuevo soy el que vive por los siglos de los siglos” refleja la esperanza en Cristo Jesús, Señor Nuestro. Jesucristo ha vencido al mundo. Su victoria es el triunfo de la gracia sobre el pecado… Su victoria es la derrota de la muerte frente a la vida. Ahora yo te digo: No tengáis miedo porque Cristo te ama, Cristo ha vencido al mundo y Cristo está contigo hasta el final de los tiempos. No olvides la frase pronunciada por Santa Teresa: “Todo llega, todo pasa, solo Dios queda”. La segunda parte de este mensaje hace referencia a la eternidad de Dios y a la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, tal como está escrito a continuación:

“soy Yo, el Primero y el Último. Yo soy el que vive; estuve muerto y de nuevo soy el que vive por los siglos de los siglos”

Sin duda, uno de los mensajes más impresionantes del Apocalipsis se encuentra en el fragmento “tengo en mi mano las llaves de la muerte y del infierno”. El Apocalipsis es producto del magisterio de la Iglesia, por tanto, no se puede interpretar por fuera de la doctrina de la santa madre Iglesia Católica, puesto que Dios no puede contradecirse a sí mismo. Cuando Cristo, a través de San Juan, afirma: “tengo en mi mano las llaves de la muerte y del infierno” significa que el poder de Dios es muy superior frente al poder que Él mismo le permite al diablo y a sus demonios. Dios, en su infinita misericordia, nos regaló el precioso don de la libertad, por tanto, nosotros somos libres de escoger entre el bien y el mal. Lo peor de satanás es tentar a la humanidad para llevarla al pecado y a la condenación eterna. Dios no quiere que nadie se condene, pero deja en libertad al hombre para que sea él mismo quien decida: Si prefiere la gracia o el pecado, si prefiere la salvación o la muerte. Dios respeta, tan profundamente, la libertad del ser humano que no se interpone entre su mal comportamiento y su destino eterno. En Dios se combina, de forma perfecta, el amor y la justicia. Cada hombre recibe de acuerdo a sus obras. Cada hombre justo puede recibir la salvación de Dios. Cada hombre malvado puede recibir la condenación y permanecer junto al diablo y sus demonios por toda la eternidad… Tú decides… Es tu elección… El infierno es muy real, como está escrito:

“Pero a los cobardes, a los renegados, corrompidos, asesinos, impuros, hechiceros e idólatras, en una palabra, a todos los embusteros, la herencia que les corresponde es el lago de fuego y de azufre, o sea, la segunda muerte”
Apocalipsis 21, 8

En el Cielo no puede entrar nada manchado. Toda alma que se salva debe ser purificada de toda mancha de pecado antes de entrar en el reino de la luz. El purgatorio es el estado del alma que permite esta purificación. El purgatorio, como purificación, no es agradable, puesto que purificarse es sufrir y en el purgatorio se sufre todo el tiempo porque no se puede ver a Dios. En esta vida podemos purificar muchos pecados si ofrecemos, con paciencia, los sufrimientos a Dios. Del purgatorio se habla en las sagradas escrituras, como está escrito:

“En ella no entrará nada manchado. No, no entrarán los que cometen maldad y mentira, sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero”
Apocalipsis 21, 27

“Pero creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren como creyentes; de ahí que su inquietud era santa y de acuerdo con la fe. Esta fue la razón por la cual Judas ofreció este sacrificio por los muertos; para que fueran perdonados de su pecado
II Macabeos 12, 45 - 46

“Te aseguro que no saldrás de ahí sino cuando hayas pagado hasta el último centavo”
San Mateo 5, 26

No existe mejor guía para la correcta interpretación del Apocalipsis que la expresión “Escribe, pues, lo que has visto, tanto lo presente como lo que debe suceder después”. La forma correcta de interpretar el texto apocalíptico se realiza al tomar en cuenta su significado en el momento en que fue escrito, es decir, la exégesis bíblica, sin olvidar el mensaje que tiene para nosotros al día de hoy y durante la historia de la humanidad (lo que se conoce como hermenéutica). Es lamentable que hoy en día haya documentales en televisión que solo hablan del Apocalipsis como un libro de futuros desastres, olvidando el sentido moral, ético y religioso de este sagrado libro… ¿De qué le sirve a la humanidad saber el futuro que le espera sino no hay una conversión de corazón a Cristo Jesús?... ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su única posesión eterna: Su propia alma?... ¿De qué le sirve a las grandes cadenas de televisión anunciar desastres, mediante una interpretación muy limitada del Apocalipsis, sino denuncian lo más importante: El pecado que hay en el mundo?... Al igual que en el antiguo testamento, en la profecía de San Juan se anuncian los signos y desastres pasados, presentes y futuros. El libro del Apocalipsis es la confirmación de la historia de la humanidad y de las profecías del antiguo y nuevo testamento. Estamos llamados a conocer y a vivir la palabra de Dios, para así, no volver a repetir los mismos errores que tanto daño le han causado a la humanidad. Por eso, conviértete y cree en el evangelio, pues, polvo eres y en polvo te convertirás.

A través del fragmento “Entiende el significado secreto de las siete estrellas que viste en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros son las siete iglesias”, Nuestro Señor Jesucristo nos invita a permanecer obedientes a sus estrellas, es decir, a sus obispos fieles en cada iglesia particular ó diócesis. Los “siete candeleros de oro” representan el conjunto total de diócesis que existen en el mundo y que conforman la Iglesia universal de Cristo, la Iglesia que es: Una, santa, católica, apostólica y romana. El creyente católico, únicamente, puede guardar obediencia al obispo, si éste último es fiel al magisterio doctrinal de la Iglesia Católica. El magisterio doctrinal de la Iglesia Católica se encuentra reunido en el Catecismo Mayor escrito por San Pio X. Si el obispo no es fiel al magisterio doctrinal de la Iglesia Católica, el creyente católico no puede hacerle caso porque estamos llamados a obedecer a Cristo antes que a un falso profeta. Así es, porque así está escrito:

“Pero, aunque viniéramos nosotros o viniera algún ángel del cielo para anunciarles el Evangelio de otra manera que lo hemos anunciado, ¡sea maldito! Ya se lo dijimos antes, pero ahora lo repito: si alguien viene con un evangelio que no es lo que ustedes han recibido, ¡sea maldito!”
Carta a los Gálatas 1, 8 - 9

“Pedro y los apóstoles respondieron: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”
Hechos 5, 29

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno, permite la conversión de los pecadores de este mundo. Que seamos revestidos del santo temor de Dios para cumplir siempre la voluntad de Dios Padre Todo Poderoso en la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo: La Iglesia Católica. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

PRÓLOGO

ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

CAPÍTULO I - Versículos Uno al Tres: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO I - Versículos Cuatro al Ocho: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

CAPÍTULO I - Versículos Nueve al Once: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

CAPÍTULO I - Versículos Doce al Veinte: VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

CAPÍTULO II - Versículos Uno al Siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

CAPÍTULO II - Versículos Ocho al Once: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

CAPÍTULO II - Versículos Doce al Diez y siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

CAPÍTULO II - Versículos Diez y ocho al Veinte y nueve: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

CAPÍTULO III - Versículos Uno al Seis: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

CAPÍTULO III - Versículos Siete al Trece: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

CAPÍTULO III - Versículos Catorce al Veinte y dos: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

CAPÍTULO VI - Versículos Uno al Ocho: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO VI - Versículos Nueve al Once: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

CAPÍTULO VI - Versículos Doce al Diez y siete: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

CAPÍTULO XI - Versículos Uno al Catorce: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XI - Versículos Quince al Diez y nueve: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

CAPÍTULO XIV: LOS CIENTO CUARENTA Y CUATRO MIL EN EL MONTE SIÓN

CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO